El cuerpo monstruoso

Lo anormal y lo normal… una creación cultural

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¿Por qué hablar de freaks ahora? ¿Acaso no se les dejo de denominar así cuando cambió nuestra concepción del cuerpo y pasaron a ser personas con un problema médico? ¿Hablar sobre ellos no significa volver a señalarlos como algo anormal?

Para responder a éstas preguntas me apoyaré en el artículo de Arantxa Alonso Cano, “El cuerpo monstruoso: dialéctica de la ocultación-desocultación”, en el que la autora se centra en Freaks de Tod  Browning (1932), Johnny cogió su fusil de Dalton Trumbo (1971) y El hombre elefante  de David Lynch (1980) para reflexionar sobre los olvidados de la historia oficial.

En este caso, lo que Alonso Cano y nosotros buscamos al difundir la información sobre estos freaks no es discriminarlos una vez más, sino dar una luz acerca de la parte más obvia de aquellos que son olvidados por ser diferentes, por verse, pensar, sentir o querer más allá de lo canónicamente establecido. Los más obvios, son los que tienen cuerpos diferentes.

Desde el siglo XVIII, y seguramente antes, los “excluidos sociales” eran recluidos en instituciones cerradas y sometidas a una estricta disciplina, por lo que la exclusión de los cuerpos anormales de la vida cotidiana generó un morboso interés que legitimaba la normalidad de aquellos que eran efectivamente normales. Se convirtieron en un espectáculo por y para la sociedad que los excluía, era una construcción de la diferencia mediante su exhibición. Además, por esa misma condición de ser exhibidos y, a la vez, excluidos, eran lo otro, lo diferente, los marginados y silenciados.

Arantxa Alonso Cano también menciona en su artículo que “El freak no se caracterizaba por poseer determinados rasgos mentales o físicos, sino por caer dentro del concepto de anormalidad sostenida por la sociedad en la que habitaba; es, por lo tanto, un concepto cultural que puede variar de una sociedad a otra.” Por lo que, por esa razón en esté blog no sólo se habla de aquellos con deformaciones físicas, sino también de los que son anormales en un momento histórico e incluso en el presente. Además de que jamás debe olvidarse que el historiador está inmerso en su presente y no puede dejarlo de lado.

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